dicIEMBRE 16
Devocional "Lo "si" del Jesus III"
Hoy debemos conocer el otro "si" de Jesús que nos abre la tercera puerta.
3. La puerta del amor a Cristo (vv. 41, 42)
“Si vuestro Padre fuera Dios, ciertamente me amaríais”, dice Jesús.
Los judíos tenían una opinión extrañamente errónea acerca de la generación. Un principio verdadero, establecido en el Decálogo y confirmado hoy día por la ciencia eugenésica, de que los hijos reciben las consecuencias de los padres, les llevó al extremo de pensar que sólo eran criaturas de Dios los nacidos de un matrimonio legítimo, y que los nacidos de fornicación son hijos del diablo, atribuyendo a este enemigo de Dios un poder creativo que no tiene. Ciertamente no es así. Dios ha dado leyes fijas a la naturaleza, la cual se mueve según reglas mecánicas, sin interesarse en motivos morales. El hijo de ramera no tiene culpa alguna de ello, y es igual criatura de Dios que cualquier otro. Pero, al oírse llamar hijos del diablo, respondieron airadamente que ellos eran nacidos de buenas familias, y como consecuencia, tenían derecho a considerarse hijos de Dios. Pero Jesús les demuestra que el ser hijo de Dios no depende de ninguna generación natural, sino de un proceso espiritual. Todos somos criaturas de Dios, pero tan sólo criaturas; son hechos hijos de Dios por adopción solamente aquellos que:
Reciben la redención que Cristo vino a realizar (Juan1:12).
Ahora bien, el que es hecho hijo de Dios, coheredero con Cristo, no puede menos que amar a este hermano mayor que dio su vida por nosotros después de humillarse haciéndose como uno de nosotros. De ahí el argumento de Cristo: “Si fuerais hijos de Dios, ciertamente me amaríais, porque yo salí de Él”. El amor a Cristo revela nuestra verdadera relación con Dios. Es la piedra de toque de nuestra religión. Todas las religiones humanas fallan en este punto; desde los primeros herejes gnósticos, hasta los modernos espiritistas, teósofos, testigos de
Jehová, etc. ¿Hallará satisfacción un padre en las adulaciones de un siervo que abofetee a su hijo?
En efecto, si Cristo no es Dios manifestado en carne, ¿qué mérito tendría su sacrificio? Solamente creyendo que en Él y por Él fueron creadas todas las cosas, podemos apreciar la inmensidad de su amor. Ciertamente hay quienes han sufrido por diversas causas, y una de ellas por amor de Cristo, posiblemente más que lo que Cristo mismo sufrió. Pero estos mártires no eran sino criaturas humanas, sujetas de por sí al dolor y a la muerte, en mejores o peores circunstancias. Jesús, en cambio, podía ascender al cielo desde la cruz, porque era Hijo de Dios desde la Eternidad. Pablo, guiado por las Escrituras, veía en Él al Mesías divino de Isaías 7, Emmanuel; y todos los apóstoles lo comprendieron y creyeron por propia experiencia. La confesión de Pedro. De ahí la profundidad de su amor y porque Pedro podría decirle un día: «Tú sabes todas las cosas (porque eres Dios) y sabes que te amo». Si Cristo viniera aquí, ¿qué le diríamos? ¿Sabe Él que le amamos como Hijo de Dios que murió por nosotros? ¿Que reconocemos la inmensidad de su sacrificio voluntario, y por esto le apreciamos con un amor que no tiene igual? Si es así, este amor complace al Padre. Jesús decía: "Pedid, y no os digo que yo rogaré al Padre, porque el mismo Padre os ama por cuanto vosotros me amasteis". Los judíos pretendían amar a Dios y no a Cristo, y continúan en esta actitud, pero Jesús les dice: "Si fueseis de Dios, y amaseis tanto a Dios como pretendéis, y prestareis atención a su Palabra, veríais en ella quién soy yo".
¿Tú amas a CRISTO?
Que Dios te continúe re- bendiciendo.

Felix Vargas
