dicIEMBRE 15
Devocional "Lo "si" del Jesus II"
Hola amigo (a), continuemos hoy con nuestro tema.....
2. La puerta de la redención (vv. 34-36)
“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
Jesús enseña en este pasaje que los hombres son por naturaleza hijos del diablo, esclavos del archienemigo de Dios, que con astucia introdujo el pecado en el mundo. Los esclavos del diablo suelen tener una cuerda más larga o más corta, y, según ésta, se sienten más o menos esclavos. Algunos viciosos se dan cuenta de su esclavitud a causa de los inmediatos y desastrosos resultados de su pecado (ejemplos de un jugador, un borracho, un drogadicto, etc.).Otros, que no lo sienten tanto, lo son, sin embargo, igualmente. De los tales eran aquellos judíos con los cuales Jesús discutía: “Simiente de Abraham somos y jamás fuimos esclavos de nadie”, exclaman. Esto no era verdad más que en el orgullo de sus corazones, ya que políticamente eran súbditos de Roma; pero Jesús se refiere a otra clase de servidumbre. Por esto les dice: “Todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado”. Es una cuerda invisible, pero muy fuerte.
Aquellos descendientes de Abraham que se creían libres, estaban en ese mismo momento sugestionados por el diablo y eran instrumentos de aquel ser maligno que estaba empeñado en hacer desaparecer al Hijo de Dios de sobre la faz de la tierra.
Del mismo modo que movió a Herodes a matarle y que pretendió hacer arrojar a Jesús de los aleros del Templo, estaba incitando ahora a estos judíos fanáticos, que intentaron apedrearlo (v. 59). ¡A ver si no eran esclavos! Sólo tenían un medio para librarse de esta maligna sugestión del enemigo: Ser libertados por el Hijo de Dios, que era el mismo a quien odiaban; el único que tenía poder. La infusión del Espíritu en sus almas les quitaría el deseo intenso del pecado, o les permitiría descubrir al enemigo. Sabemos que Satanás tienta también a los creyentes, pero con una diferencia: el hijo del diablo no ve la cuerda, puede pecar sin remordimiento; el creyente, sí. Por eso se nos dice: “Resistid al diablo, y de vosotros huirá”.
Este poder nos es impartido por la obra redentora de Cristo. Los que reciben a Cristo como su Salvador están al amparo de su sacrificio expiatorio, como los primogénitos de Israel se hallaban amparados por la señal de la sangre en el dintel de la puerta, a fin de que el destructor no les tocase. Por esto leemos en el Apocalipsis 12:11: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte». Hay un poder especial en la sangre de Cristo. La mención de la obra expiatoria del Hijo de Dios es algo que el diablo no puede resistir.
Hoy es día de abrir esta puerta.
Que Dios te continúe re-bendiciendo.

Felix Vargas
