NOVIEMBRE 20

Devocional "¿Quién tiene derecho a cuestionar mi autoridad?"

Por. Christian Sarmiento

“Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. Y respondieron que no sabían de dónde fuese. Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas” (Lucas 20:1-8).
 
Señor enséñanos hoy que Tú eres el único que das autoridad. Enséñanos, que sin haber recibido tu autoridad no tenemos autoridad. ¡Danos hoy autoridad de lo Alto!
 
1.      ¿Quién tiene derecho a cuestionar mi autoridad? Sólo quien me la dio. Jesús está enseñando el día martes de la semana de la pasión. El lunes, Él había entrado en el templo, había volcado las mesas, y castigado con látigo a los que profanaban su “casa de oración para todas las naciones”. Ahora entra en “su” templo y enseña con autoridad. Jesús se sometió en todo al Padre, a Dios. Se sometió en todo a José y a María. Era una persona bajo sujeción. Y al ser una persona bajo sujeción, tenía autoridad. La autoridad siempre es derivada, nunca es “endémica”, es decir, nunca se tiene por sí misma. Siempre, siempre la autoridad es otorgada. Nadie puede cuestionar mi autoridad si yo estoy sujeto a quién me la otorgó. Sujetarme a quien me la otorgó significa obedecer disciplinada y racionalmente lo que se me pide. Nadie me puede pedir algo que contradiga las Escrituras. El que tal cosa haga, inmediatamente demostrará que no tiene autoridad y que se ha dado a sí mismo autoridad que no le pertenece, pues no viene de lo alto sino de sí mismo. Por lo tanto, dicha autoridad es falsa. Jesús es el modelo por excelencia de autoridad. Sólo Él puede darnos autoridad ministerial. Nuestra autoridad dependerá entonces de nuestra obediencia a Dios, y de nuestros líderes sí estos obedecen a Dios.
 

  • “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,  y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?” (Lucas 20:1-2).
  • “Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced…” (Mateo 28:18-19, Nueva Versión Internacional).
  • “Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene” (Juan 19:9-11).
  • “Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29).
  • “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:8-10).
  • “Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:18-20).

2.      Jesús rehusó indicar quién le había dado su autoridad. Esto lo hizo porque los que le preguntaron no tenían autoridad de lo Alto, autoridad de Dios. Si nuestra predicación y enseñanzas no coinciden con nuestra conducta, entonces no tenemos autoridad de lo Alto. Tendremos títulos, habremos sido electos, tendremos formas de manipular o ejercer poder, pero no autoridad. La verdadera autoridad siempre es otorgada y corresponde con el carácter y conducta de quien la otorgó. La verdadera demostración de nuestra autoridad se ve en quién se lleva la gloria por mis acciones o conducta. Si se me adjudica toda la gloria por los resultados de mi ministerio, entonces, le he estado robando a Dios la honra y gloria que sólo Él se merece, y no tengo autoridad, pues he recibido la gloria por lo que yo mismo, por mis propias fuerzas se supone que he logrado. Sólo Dios produce en nosotros “el hacer como el querer”, y sólo Él, debe recibir la gloria de su autoridad y poder en mí. ¡Hay de mí si me convierto en autoridad por mí mismo y si me robo la gloria y honra que sólo Dios se merece! Entonces perderé mi influencia pues ya no tengo autoridad.

  • “Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. Y respondieron que no sabían de dónde fuese. Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas” (Lucas 20:3-8).
  • “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10:1).
  • “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).
  • “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:1-2).
  • “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia” (1 Corintios 15:24).
  • “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tito 2:15).
     
    Bendiciones,
     chrstian sarmiento
    Christian Sarmiento

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