OCTUBRE 15

Devocional "Principios para Mover la Mano de Dios! 3‏"

Por. Christian Sarmiento

 

“Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lucas 17:14-19).

Señor, glorificado, adorado sea tu nombre. Gracias por salvarnos, gracias por oírnos, gracias por Jesucristo. ¡Aleluya!

1. GLORIFICAR A DIOS. La primera respuesta nuestra cuando la mano de Dios nos toca es glorificarlo, exaltarlo, rendir en voz alta y clara el aprecio, loor al Señor. Es un canto, una alabanza y ¡a todo volumen! A Dios. Esta alabanza no es una canción evangélica de moda (aunque se puede usar para alabar a Dios). La alabanza es un grito melodioso desde adentro exaltando al Señor.

  • “Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz” (Lucas 17:15).
  • “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre” (Salmos 30:11-12).
  • “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Salmos 103:1).
  • “Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida” (Isaías 38:20).

2. ADORAR A DIOS. Adorar a Dios es postrarse ante él. Cuando un ejército tenía cautivos, éstos se postraban con la faz hacia el suelo, rindiendo la vida al que lo cautivó. La adoración es caer ante Dios concientemente, postrarse voluntariamente y con todos los sentidos rendir nuestra vida a Aquel quien merece no sólo la alabanza (canto del corazón) si no también nuestra rendición completa, voluntaria y conciente. Tanto en la alabanza como en la adoración no encaja postrarse inconcientemente. La adoración siempre, siempre es un culto racional, ¡nunca, nunca irracional!

  • “Y se postró rostro en tierra a sus pies” (Lucas 17:16).
  • “Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lucas 5:8).
  • “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró” (Juan 9:38).
  • “Y al entrar en la casa, vieron al niño [Jesús] con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11).
  • “Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad” (Marcos 5:33).
  • “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).
  • “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

3. GRATITUD. La palabra en el original es eucaristía. Este término también se usa para la santa cena o comunión. La palabra se usaba para dar gracias durante un convite una festividad. Si  hemos de mover la mano de Dios, nuestra actitud ante él siempre debe ser un convite  una fiesta de agradecimiento. Es impresionante la combinación de las tres palabras: glorificar, adorar, agradecer. Esta es una combinación explosiva en donde todo nuestro ser responde al favor amoroso de Dios. ¡Vivamos allí todo el tiempo!

  • “. . . y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano” (Lucas 17:16).
  • “Lavaré en inocencia mis manos, y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, para exclamar con voz de acción de gracias, y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria” (Salmos 26:6-8).
  • “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” (Salmos 100:4).
  • “Y [Jesús] tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud” (Mateo 15:36).
  • “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos” (Mateo 26:27).
  • “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

4. SALVACIÓN. ¡Qué hermoso oír la palabra de Dios diciéndonos: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. No hay mayor milagro, no hay mayor privilegio que recibir la salvación. La sanidad física es un regalo hermoso, y oramos por ésta y muchas veces la recibimos. ¡A veces no! Sin embargo, un CLAMOR, combinado con FE + OBEDIENCIA + ALABANZA + ADORACIÓN + GRATITUD = SALVACIÓN. No existe ninguna persona que no haya tomado estos principios para su vida y que Dios no le haya respondido salvándolo de la muerte eterna, dándole vida y vida en abundancia. ¡Dios es un Dios de SALVACIÓN!

  • “Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido” (Salmos 28:8).
  • “Jehová Señor, potente salvador mío” (Salmos 140:7).
  • “Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Isaías 43:3).
  • “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí” (Isaías 45:21).
  • “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47).
  • “Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo” (Lucas 1:69).
  • “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11).
  • “Y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42).
  • “Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:4).

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7).

¡BENDICIONES!

Christian Sarmiento